Había llegado a la casa de mi novia Carola, cuando me recibió su despampanante madre, una tía que pondría fierro a cualquier chaval de mi edad haciendo olvidar una relación sincera y sobre todo bonita como la que yo mantenía con Carola. Me tomó por sorpresa aunque otras veces la había notado coqueteando conmigo aquella vez fué mucho más allá. Mientras yo esperaba a Carola que salga de la habitación esta se me fué encima como toda una leona en celo y tomo mi bulto por encima del pantalón sacando inmediatamente mi polla y empezó a hacerme una paja. Todo fué tan rápido, la excitación solo fué sobrellevada por la presencia de Carola que se acercó a saludarme, no me dió mucho tiempo para acomodarme, pero logre que nada de lo que había pasado se notase. Aquella misma tarde mientras Carola me decía que yo espere mientras ella se vestía, sentí el deseo de ir al cuarto de la madre, mientras entraba contemplé a esa mujer desnuda masturbándose, mis deseos eran más fuerte que la razón y no perdimos tiempo mientras me daba una de las mejores mamadas la empecé a penetrar, ambos gemíamos sin importarnos nada, cuando de repente a la habitación ingreso Carola pero para mi sorpresa no a reprocharme ni nada por el estilo sino a sumarse a la fiesta de placer que habíamos montado. De repente era un trio algo incestuoso, madre e hija probando y saboreando los embistes de mi polla, lamiendo sus coños y yo siendo el hombre más afortunado del mundo. Obtuve una sacada de leche espectacular a cuatro manos por parte de ese par de guarras.

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